|
opinión
|
|
| EN EL INTERIOR DEL LABERINTO | |
|
Manuel
Lay, coordinador local de Izquierda Unida.
|
|
|
Pregunta 1: ¿Cuánto tarda un vecino de la Plaza de España en llegar con su coche a la gasolinera más cercana? Respuesta: justo el doble que hace unos días. Pero seamos razonables. Es de suponer que el laberinto creado por Zurita en parte de Dos Hermanas no es fruto de un capricho repentino, ni de un ataque de histeria, ni del sueño de una noche de verano en Chipiona. No se puede pensar, tampoco, que convertir la Avenida Reyes Católicos en el tramo urbano con más señales de tráfico de Europa se deba al despecho de los técnicos municipales en la materia, o a que éstos se han jugado a los dados el sentido de las calles. Ni siquiera yo lo pienso, y eso que para ir desde la sede de Izquierda Unida hasta mi casa en Las Portadas, poco me falta para pasar por Los Palacios... Pregunta 2: ¿Cuántos metros hay que recorrer ahora desde Ciudad Blanca hasta la barriada Juan Sebastián Elcano? Respuesta: la primera vez, quizás el triple que antes. La segunda y sucesivas, mejor salir y entrar por la autovía. ...Sin embargo, no es menos cierto que hay vecinos y vecinas de las zonas afectadas que llevan varios días hojeando los libritos electorales del PSOE de la pasada campaña, para ver si las calles con dirección prohibida y las vallas que cortan el tráfico vienen en alguna de las estampitas que regalaban para pegar en el álbum. Desde ya les podemos adelantar que no van a encontrar nada, ni en esos libritos psicodélicos ni en ningún otro sitio. Y no es porque no estuviese prevista la construcción de este rompecabezas antes de las elecciones, sino más bien porque el PSOE local ha sido lo suficientemente inteligente (o más sabio por viejo que por diablo) como para mostrar la zanahoria antes del 25 de mayo y dejar el palo para después... Pregunta 3: ¿Por qué no se ha consultado a los barrios para realizar los cambios? Respuesta: El PSOE local se siente refrendado (sobradamente) por la última mayoría absoluta para hacer lo que mejor le parezca. En
Izquierda Unida, desde luego, no somos partidarios de hacer del coche
dueño y señor de las calles porque, como ya decía
una campaña ecologista de hace unos años, el coche devora
la ciudad. Sin embargo, entendemos que no se puede estar fomentando una
política urbanística basada en meter miles de vehículos
en el centro y, al mismo tiempo, provoca colapsos en las calles de las
afueras (como los que ya se producen, tanto de ida como de vuelta, en
las calles que van de la autovía a la barriada de El Rocío,
a la altura de la iglesia) y seguir manteniendo los pésimos servicios
de autobuses urbanos. Pero, sobre todo, si en algo se tiene que caracterizar
una política de izquierdas, también en cuanto a la movilidad
interior se refiere, es en la participación ciudadana y en el consenso.
Llegar un día y, de buenas a primeras, pinchar un montón
de señales de tráfico en un radio de varios cientos de metros,
como quien juega al monopoly, es poco menos que un atraco urbanístico.
Hubiese sido más lógico abrir un periodo de información,
donde convocar a los barrios para explicar cuáles son los estudios
realizados y las propuestas, incidir en la razonabilidad de las medidas
que se proponen y, en último término, contar con el beneplácito
de las vecinas y los vecinos. Pero a eso se le llama democracia participativa,
y está claro que tener mayoría absoluta cada cuatro años
es considerada aquí como una patente de corso. A
fin de cuentas, pensarán nuestros gobernantes locales, dentro de
cuatro años nadie se acordará de lo sucedido y la gente
ya se habrá acostumbrado a circular en el interior del laberinto.
Es lo que tiene creerse sabio y querer estar a la izquierda de la derecha
y a la derecha de la izquierda. |
|
|
|
|