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opinión
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| LA MUERTE NO ACABA NADA | |
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Manuel
Lay, coordinador local de Izquierda Unida.
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La muerte no acaba nada. Lo dijo el poeta ante la tumba de Allende. Ahora, los mismos de entonces vuelven a empuñar la guadaña. Pero la muerte, salvo la vida, no acaba nada. No acaba con las dictaduras, ni siquiera enterrando a sus dictadores. Es el pueblo quien lo hace, el mismo pueblo que acabó con nuestra opresión, el mismo que acabará con los señores de la muerte que nos gobiernan. No hace triunfar la vida, ni la libertad, ni la justicia, porque no es justo el genocidio, porque ninguna bala ni ninguna bomba dan la libertad. No crea vencedores, no llena los campos, ni las escuelas, ni las calles, ni las ciudades, ni el futuro más que de vencidos. No colma ningún ansia, más que la de venganza o ni siquiera ésta, porque la venganza es una pócima envenenada que sólo genera más muerte. Los vencedores de la muerte también pierden, porque la muerte nunca gana. La muerte no acaba nada, porque es adicta al camino sin retorno, es la pérdida de lo único que nos hace diferentes del resto de las especies. La muerte no crea libertades duraderas, sólo quebrantos eternos. Quienes piensan que es la única salida no saben que ni tan siquiera es la última salida, porque no hay espacios abiertos en las fosas de los que lo pierden todo. Ninguna muerte favorece los lazos afectivos, ni promueve la reconstrucción ni la unidad, sólo la dispersión y la huída, solamente la ruptura y la desolación. Quienes no queremos guerras, qué paradoja, somos tachados de utópicos, minoritarios, fuera de la realidad. Pero no hay más realidad que el pueblo vivo ni más lucha que la paz. Una paz donde los únicos que ganen sean los desertores. Con legiones de estudiantes y trabajadores y mayores, nunca de guerreros. Donde el único fuego que arda sea el de la pira de los uniformes. Una paz con entierros de fusiles y bombas, nunca de mujeres, hombres, ancianos y niños. De escuelas y palabras, no de academias militares y gritos de guerra. Una paz eterna de la vida, no la paz eterna de la muerte. Una paz sin efectos colaterales, más que la felicidad. La muerte no acaba nada, pero puede acabar con todo cuando no haya nada disponible. Tal vez entonces, como dijo otro poeta, la Tierra sea capaz de parir felicidad. Pero no habrá nadie para recogerla, salvo el silencio, en un futuro que no existe. Entonces todos habremos sido responsables. También tú. También yo. |
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