opinión

 

OTRA VEZ LA GUERRA
Juan Luis González, Candidato nº 8 para las elecciones Muncipales

 

          Se avecina una nueva guerra, la de Irak, o, mejor dicho, la del sr. Bush, o, perdón, me he confundido de nuevo, la del macarra Bush junior.


         Alguien se preguntará que por qué he llamado macarra a tan distinguido personaje. Pues bien, según el diccionario, "macarra" significa "persona agresiva y achulada". Por tanto, más breve no se puede ser, aunque quizá se merezca otro calificativo aún mucho mayor por su empeño en atacar de nuevo a Irak sin razón aparente.

           Las armas que Bush dice buscar y no encontrar seguramente estén escondidas en la alacena porque, según la ONU no se encuentran, parecen no existir. Pero eso da lo mismo al macarra de Bush; es tan humanitario este señor, que desea bombardear al pueblo irakí con la intención, seguramente, de erradicar la hambruna existente en ese país. Pensará, probablemente, que así la muerte será mucho más rápida y humanitaria, y que la acción de la metralla hará lo que todavía no se ha conseguido con el bloqueo, después de aquella primera contienda que tuvo con ellos su papaíto.


         La verdad es que hay que reconocer que lo tiene bien planificado. Con la cínica excusa de liberar a Irak del yugo de Sadam, se quedaría con el botín de guerra (los pozos de petróleo), que estaría dispuesto a repartir con quienes le apoyen. Todo ello, claro está, con el sudor y la sangre ajena. La ONU habla de unos 900.000 desplazados y de sangrientos combates en torno a Bagdad, en caso de intervención militar.

          Hay una macabra tendencia a transfigurar las guerras en un impulso de poder para obtener ventajas materiales y conspirar en territorios estratégicos (Oriente Próximo) materiales estratégicos como el petróleo, pero lo duro de todo es que nadie cae en la cuenta del llamado y temiblemente conocido "daño colateral", ese que produce las llamadas bombas inteligentes, aunque personalmente no sé que tienen de inteligente arrojar bombas, sobre todo si tenemos en cuenta que sus "víctimas colaterales" suelen ser víctimas inocentes, mujeres, ancianos y niños, que se exponen, de esta manera, a la fiereza del deporte preferido del sr. Bush: la pena de muerte.

          Para rizar el rizo, hace poco su chulería mafiosa ha dado un paso más en la demostración al mundo de lo que su política es capaz de hacer. Me refiero a la orden, dada a sus servicios secretos, de matar sin problemas ni leyes y de comprar periodistas para que hablen bien de él y adoctrinen a la opinión pública. Todo un angelito, perdón, quise decir todo un macarra.

          En fin, esperemos que la estilográfica del macarra sr. Bush se quede sin tinta con que firmar atrocidades, que se inutilice la munición venenosa que arrojan sus tanques y aviones y pierdan la voz, que las capacidades de los ciudadanos de todo el mundo superen las incapacidades de algunos gobiernos, que las licencias para matar dadas por políticas como la de los EEUU caduquen, que los periodistas que se sumen enmudezcan de vergüenza y que desaparezcan todas las armas de destrucción masiva existentes en el mundo.

          Y es que mientras los inspectores de la ONU buscan esas armas, a pocos metros de donde no las encuentran existen otras armas de destrucción masiva, que afectan a decenas de niños que corretean descalzos sobre las aguas estancadas de la calzada, cubierta de basuras en las que rebuscan alimentos las ovejas y las cabras. La mayoría de ellos son menores de diez años.

          Nacieron tras la guerra de 1991, pero parece que no se van a librar de ella: según las estimaciones médicas, el 45 % de los dos millones de habitantes de la ciudad irakí de Basora desarrollará un cáncer en los próximos años, fruto del ataque que sufrieron por parte de los británicos y los EEUU y las bombas que les arrojaron.

         En Irak, el cáncer aumenta espectacularmente por culpa del uranio empobrecido lanzado por EEUU en 1991

         Basora. (Enviada especial.) - En el hospital universitario Saddam, de Basora, no han dejado de aumentar los casos de tumores, leucemia y otros tipos de cáncer desde el ataque estadounidense de 1991. Los médicos atribuyen ese crecimiento al armamento con uranio empobrecido utilizado en la guerra para desalojar a Iraq de Kuwait, pero, para sostener esta tesis, las autoridades iraquíes han solicitado ayuda a la Universidad de Oviedo y el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe (CSCA), que realizarán análisis de orina de pacientes iraquíes.

          La Universidad de Oviedo y el CSCA están pendientes de que el Ministerio de Sanidad español autorice la entrada de muestras de orina que previamente los médicos iraquíes habrán recogido en Basora y en otras dos zonas del país. En total, 360 muestras que serán analizadas en el departamento de Física y Química Analítica de la universidad, bajo el control de la Organización Mundial de la Salud (OMS).


          El doctor Jawad Al Ali, que trabaja desde hace 16 años en el Centro de Tratamiento de Cáncer de Basora, ciudad cercana a las fronteras de Irán y Kuwait, considera que 300 de las 800 toneladas de uranio empobrecido que se arrojaron sobre Iraq corresponden a la zona de Basora. "Hemos pasado de once casos de cáncer por cada cien mil habitantes en 1988 a 123 en el 2002, entre los que hay niñas de 10 años con cáncer de mama. Además, las malformaciones congénitas se han multiplicado por tres", asegura el doctor Jawad mientras muestra diapositivas de algunos casos y compara las imágenes con las que aparecen en el Museo de Hiroshima de Japón.
"Iraq no ha podido probar si el uranio empobrecido es la causa del aumento de los casos de cáncer. Si los análisis lo probaran, se podría demandar a EE.UU. y presionar para que cese el embargo de los medicamentos considerados de doble uso por el programa de la ONU, que está haciendo que se muera la gente", explicó Carolina Yacamán, perteneciente al CSCA.

          Los análisis en laboratorios españoles serán financiados en exclusividad por el Gobierno iraquí, pero la iniciativa está paralizada hasta que el Gobierno español dé su autorización para introducir por vía aérea las muestras de orina.

          Los médicos iraquíes se han comprometido en buscar a los pacientes y la parte española en medir el uranio empobrecido en la orina (también puede analizarse el tejido, pero es más complicado). El posible ataque militar a Iraq ha motivado que se reactive el proyecto, porque los médicos consideran prioritario que los análisis se lleven a cabo antes de que empiecen nuevos bombardeos sobre Iraq.

          Durante los últimos doce años ha habido trece casos de cáncer entre el personal médico del hospital, pero solamente ocho ya trabajaban en el centro sanitario cuando fue bombardeado en 1991. Además, el doctor Jawal asegura que en los últimos años han tenido que atender a pacientes que presentaban un cuadro con varios tipos de cáncer.

          Estados Unidos ha admitido en más de una ocasión el uso de armamento con uranio empobrecido en la guerra del Golfo de 1991 y posteriormente en los conflictos de Kosovo y Afganistán. Precisamente, hace un año se desató una polémica en España sobre casos de cáncer detectados en algunos miembros de las tropas que habían participado en el operativo de la OTAN en Kosovo.